16.12.09

Vestido de hilo

Durante todo el invierno Deyanira tejió. Tejió para su verano.
Hace tiempo compró en San Diego una revista "Punto" del año 1985. A penas vio en la portada a esa rubia y crespa natural con ese insinuante vestido de hilo, Deyanira supo que así es como ella quería verse. Lo demás fue sudor y lágrimas. A Deyanira nadie le había enseñado a tejer. Pero, como siempre, sacó adelante el objetivo. A mediados de diciembre cerró el último punto. Era una obra de arte a rayas rosadas y blancas. Tal como ella se lo imaginó, la pretina, que le daba un aire de polerón, le llegaba justo una cuarta sobre la rodilla. Tanto éxito tiene su modelito, que a penas empiecen los primeros fríos, volverá a sacar los palillos.

5.12.09

No controles, mis sentidos, no controles mis vestidos

Cuando escuchaba esta canción, Deyanira pensaba que era una mujer que le cantaba a un tipo que se llamaba “Controles”. Se imaginaba que la mujer que cantaba estaba en medio de un forcejeo amoroso con este “Controles” y por eso le decía: “ ¡No, Controles, mis vestidos! ” (o sea, ¡No Controles, no me saques el vestido!) y también “No, Controles, mis sentidos” (o sea ¡No sigas, Controles, que voy a perder el sentido!).

28.11.09

Nidia Caro

Una vez un tío le dijo a Deyanira que ella era igualita a Nidia Caro. Es la única vez que a Deyanira le han dicho que se parece a alguien famoso. En esa época ella no estaba muy segura de saber quien era Nidia Caro pero, la buscó en las revistas y se aprendió varios temas que hoy día siempre se le vienen a la cabeza cuando anda media despistada por la calle. También los tararea para subirse el ánimo cuando se encuentra fea .

20.11.09

Pejereyes falsos

Cuando se pone escuálido el presupuesto, Deyanira estruja su ingenio para preparar comidas ricas aunque no tenga plata en la chauchera. Un clásico de fin de mes son sus celebrados “Pejereyes falsos”: Cuando vaya a la feria, pídale al casero que le dé las acelgas con los tallos más gordos. Así, tendrá 2 x 1. Ocupa las hojas en lo que tenga que ocuparlas y los tallos los reserva.
En esos días en que una no sabe qué servirse de almuerzo, agarra sus tallitos, los pasa por un batido de huevo, harina, merquén, ajo, tomillo y sal y los tira a la sartén. Mmmmm. Quedan sabrosos y son super nutritivos.
Otra astucia es echar mano a las hojas de las betarragas. Eso, Deyanira lo aprendió en el libro de recetas “Recién casada, recién en la cocina” que le salió de premio al sumergir bajo agua la etiqueta de un tarro de leche condensada: Dígale a su casero que le dé sus betarragas con hartas hojas y a fin de mes, va y hace una rica tortilla de hoja verdes y moradas. Se va a sorprender.